¿Qué es el socialismo?
Tenemos frente a nosotros un sistema en crisis, tanto imperialista, medioambiental y económico. Y también tenemos una crisis de ideas y organización. El gobierno del Frente Amplio, en los ojos de muchos, iba a ser el nuevo comienzo, pero fue de verdad una versión modernizada de la Concertación. ¿Hace dónde vamos entonces… y cómo? ¿Cuáles son las chispas que pueden encender los motores a una nueva generación de activistas? En mi opinión, la forma que entendemos el futuro, la forma de entender el socialismo, es una de aquellas chispas.
Para conversar y discutir el socialismo, primero tenemos que estar de acuerdo sobre qué es socialismo. Lo que sostenemos es que socialismo es una sociedad donde la vida es socializada.
Socializar es eliminar la propiedad privada y crear la propiedad social; y la propiedad es la expresión “legal” de control efectivo sobre la producción y distribución de los productos. Por ende, la propiedad social es la expresión del control efectivo ejercido por los productores directos para cumplir las necesidades de la mayoría de la población. Por otro lado, la propiedad privada es la expresión del control ejercido por quienes compran las capacidades de los productores y las usan para generar plusvalía.
Un ejemplo de esta diferencia es la distribución en el supermercado Lider y la distribución en un supermercado popular. En el de Líder, se compran y venden bienes; es un centro de intercambio. En el supermercado popular, los consumidores entrarían y llevarían lo que necesitaran, bajo las decisiones tomadas por los mismos productores y consumidores. Este supermercado es un ejemplo de la recuperación de la producción de uso, en manos del mercado de intercambio.
Marx describió esa libertad en su obra El Capital, afirmando que la producción capitalista es producción para un mercado, pero en una sociedad libre se produce para el uso. Es decir, decidimos qué necesitamos y luego producimos aquellos productos o servicios.
Rosa Luxemburgo, por su parte, criticó a los dirigentes parlamentarios y sindicales que creían en una transición gradual hacia un capitalismo planificado. Señaló que en los períodos de calma, los funcionarios sindicales caen fácilmente en el burocratismo y la estrechez de miras. Sin embargo, durante las huelgas masivas, cuando se ponen en marcha grandes masas de trabajadores, son quienes están abajo quienes pueden tomar el control. El socialismo no es la extensión de la reforma de un capitalismo racional, sino el ejercicio de la conciencia práctica y activa de los productores.
Por su parte, Luis Emilio Recabarren imaginaba que los municipios debían ser comisiones de vecinos elegidos para ejecutar los deseos colectivos de cada población. Proponía que el vecindario pudiera decidir que el alumbrado y la locomoción urbana fueran servicios propios de la municipalidad, descentralizando funciones del gobierno nacional. Más adelante, Recabarren profundizó esta idea: en cada industria con más de diez personas, los trabajadores, reunidos en asambleas, elegirían a sus administradores. Las asambleas fijarían salarios, condiciones de trabajo y precios, y los administradores rendirían cuentas ante ellas. Esa organización social, bajo democracia directa, era su definición de socialismo.
Vladimir Lenin hablaba en términos teóricos generales sobre el poder efectivo de la clase trabajadora. Planteaba que los medios de producción dejan de ser propiedad privada para pertenecer a toda la sociedad, y que los trabajadores obtienen certificados por su trabajo para recibir productos de los almacenes sociales. Sin embargo, el significado de esa frase – "deja de ser propiedad privada para pertenecer a toda la sociedad" – ha sido disputado profundamente a lo largo de la historia.
El ejemplo más conocido de control estatal sobre la economía fueron los países de los "socialismos reales". Aunque allí no se competía directamente en un mercado interno, el capital nacional como conjunto sí competía con otros bloques capitalistas. Este estado de cosas llevó a que, con el tiempo, las empresas estatales pasaran de manos del estado a manos de oligarcas, sin que los trabajadores tuvieran control alguno sobre la transición. En esos casos, el control era "privado pero estatal", ejercido por funcionarios del partido, no por los trabajadores.
Hoy en día, China genera mucho debate. Cientos de miles de trabajadores laboran en las fábricas FoxConn de I-Pad sin ningún control sobre la producción, mientras el Estado, es decir el partido comunista, controla gran parte de la economía. Se dice que es socialista, pero los trabajadores no ejercen control directo sobre sus vidas. La propiedad en China es privada, porque no está bajo el control social efectivo de los propios trabajadores, sino del partido-estado.
En conclusión, la alternativa a la producción para el mercado es una organización social de la producción, donde el control democrático directo sobre la sociedad y la producción es ejercido por los mismos productores. Sin control directo desde abajo por la mayoría de la población, no hay socialismo. Marxismo se ha convertido en una ideología falsa en manos de aquellas clases que gobiernan "en nombre de" los productores, pero que son ellas mismas la clase dominante.
Texto completo: "Qué es el socialismo" por Miguel Silva.