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Lecciones del fracaso electoral de la izquierda en la Región del Biobío

Tras las municipales y de gobernadores de octubre y noviembre, el Biobío se consolida como la región más derechizada de Chile. Un balance sin autocomplacencias sobre la izquierda regional, dentro y fuera del gobierno.

Equipo La Trilla · diciembre de 2024

Las recientes Elecciones Municipales y de Gobiernos Regionales (27 de octubre y 24 de noviembre) vienen a ser el vigésimo proceso electoral posterior al 18 de octubre de 2019. Durante la campaña, la escena nacional estuvo dominada por los coletazos de los casos de corrupción, con figuras notables del poder público y privado (Hermosilla, Cubillos, Monsalve) y la percepción generalizada de inseguridad, fundada en las cifras de crímenes violentos y explotada hasta el cansancio por los medios de comunicación del poder. A nivel local, resonaban los impactos del cierre de Huachipato y la respuesta proempresarial del Plan de Fortalecimiento Industrial, o Grau, en un marco de naturalización de la militarización del Wallmapu vía aplicación de Estado de Excepción.

La Región del Biobío pasa a ser la más derechizada de Chile

El triunfo de Sergio Giacaman como Gobernador Regional (sobre 72% de los votos) reanima a la derecha y una debilitada UDI regional, con miras a las elecciones 2025 y con ello a un nuevo reparto de puestos y favores. Aunque muy ajustada (22%), la inédita victoria del Partido Social Cristiano en la alcaldía de Concepción consolida al voto evangélico como una fuerza emergente a nivel nacional y un actor de peso a nivel regional, ampliando la base social de la derecha, que ya controla la gran mayoría de las comunas y la población regional. El gobierno logra mantener algunas plazas importantes con caudillos de origen concertacionista en Coronel, Hualpén o Talcahuano.

De todos modos, el Frente Amplio brilló por su ausencia; el Partido Comunista no tuvo ni candidaturas competitivas ni ningún perfil crítico a la situación política regional. La Izquierda Libertaria, en un ejercicio de autosuficiencia, perdió la alcaldía en Santa Juana; al igual que Transformar, que sumándose a la campaña de Navarro perdió la alcaldía de Curanilahue. El Partido Igualdad obtuvo una sola concejalía en la Región, un duro golpe que lo lleva a perder su representación en el CORE del Biobío, de destacada actividad en la lucha contra la corrupción. Ni FENAPO —organización de lucha por la vivienda que polémicamente se subió al carro del FRVS, lista del ex senador Navarro, en medio de disputas más polémicas aún por su afán de construir viviendas sociales en el Humedal Paicaví— ni el PC-AP al interior de la Lista Izquierda Ecologista Popular lograron cargo alguno, ni tampoco alguna votación significativa.

El movimiento Municipio Ciudadano, coalición social conducida por "ex frenteamplistas" que en un cálculo tibio no mostró coraje político para apoyar ninguna lista de candidatos al GORE, obtuvo apenas el cuarto lugar con Camilo Riffo en Concepción. En este contexto, el candidato a gobernador por defecto del oficialismo, Alejandro Navarro, sufrió una aplastante derrota. Los votos nulos, muy significativos en la elección de cores y en la primera vuelta de gobernadores, bajaron a menos de dos dígitos en la segunda vuelta.

La alta participación "obligatoria", con una baja en los indicadores de "descontento social", parece obligar a reevaluar las tesis sobre la crisis de legitimidad del sistema político.

Los resultados a Gobernador Regional y Cores garantizan la continuidad de la captura de las políticas regionales por el gran empresariado, la aceleración de nuevos proyectos extractivistas, la redistribución de los recursos del FNDR a seguridad ciudadana, nuevos traspasos a fundaciones y corporaciones, y la modificación —nuevamente en beneficio de las grandes inmobiliarias— de los instrumentos de planificación territorial. Esto arroja un manto de dudas sobre la voluntad real de la nueva autoridad regional para perseguir las responsabilidades de Rodrigo Díaz y otros ex intendentes por las irregulares transferencias de fondos regionales de las gestiones pasadas. No hay a la vista factores que obliguen a los gobiernos locales a abandonar el clientelismo como forma de hacer política, eso sí, ahora con mayor peso de la ideología reaccionaria en las comunas dominadas por la ultraderecha y los evangélicos. Muchas de las candidaturas derrotadas y las ex autoridades ya han iniciado su campaña al parlamento, sin autocrítica ni reflexión alguna sobre la coyuntura, animadas por las necesidades vitales de los candidatos y de los propios partidos políticos en cuanto a mantener la legalidad y, con ello, los diversos apoyos económicos estatales.

Un voto de castigo al gobierno por su abandono de la región

Hay factores estructurales que podrían explicar en parte estos resultados: en primer lugar, las transformaciones operadas en la sociedad chilena en su conjunto, producto de la modernización neoliberal impulsada por la dictadura cívico-militar y su prolongación en los 30 años de "democracia". A estos factores hay que sumar las responsabilidades propias de la autodenominada izquierda.

En primer lugar, la incapacidad del gobierno de Boric por establecer medidas adecuadas para corregir el rumbo de la crítica situación económica y laboral, de la salud pública, de sacrificio socioambiental y vial, las catástrofes mal gestionadas, la inseguridad cotidiana, y la eternización del conflicto en Wallmapu. Este abandono político, económico, social y medioambiental de la región del Biobío ha llevado a la capitulación del gobierno central y regional ante intereses empresariales que hacen de la crisis una oportunidad para aumentar la explotación laboral y el saqueo de los territorios, es decir, la defensa de la tasa de ganancia de su riqueza.

Los principales partidos oficialistas (FA-PS-PC) claudicaron ante la gestión corrupta y proempresarial del gobernador Díaz y sus aliados, y para no hacer olitas a su gobierno han renunciado a levantar una mínima base social y política que pueda hacer frente al modelo y sus consecuencias. En la elección a gobernador, especial responsabilidad recae en el FA y en el personalismo del candidato Navarro, que impuso su candidatura a toda costa, dividiendo el voto de izquierda y avanzando a segunda vuelta a costa de sacrificar cualquier posibilidad de triunfo y proyección de nuevos liderazgos —primero desconociendo y luego desplazando la candidatura del ex CORE Javier Sandoval, del Partido Igualdad, única candidatura comprometida con una agenda anticorrupción, de defensa de los territorios y organizaciones populares, que además había avanzado un interesante programa de gobierno de transición anti extractivista.

Ausencia de proyecto político y organización en las formaciones de izquierda

Las fuerzas de izquierda extraparlamentaria tienen su cuota de responsabilidad. La ofensiva empresarial para desarmar las débiles regulaciones institucionales no encuentra ninguna oposición efectiva, pese a la digna lucha de algunas comunidades, organizaciones ambientalistas y un puñado marginal de representaciones políticas. El legítimo debate sobre la conveniencia o no de la lucha electoral, siquiera como una posibilidad defensiva de ciertos territorios y/o derechos sociales, es desdeñado, y se enfrenta mayormente desde posiciones despolitizadas, sean estas de oportunismo electoralista o de principismos abstencionistas antielectorales.

La miopía política de estas organizaciones, preocupadas cada una de mantener sus pequeños nichos marginales y atadas a sus disputas intestinas e identitarias, manteniéndose así alejadas de la realidad social de las mayorías y sus necesidades inmediatas, influye decisivamente en que no se desarrolle un proceso amplio de discusión y convergencia en una postura común básica de crítica y unidad antisistémica, aportando al proceso de despolitización general de la sociedad.

Esta situación y estos resultados confirman el sostenido avance de la captura de amplios sectores sociales y del mundo popular por corrientes políticas ultraderechistas y ultraconservadoras, tanto en su subjetividad como en redes clientelares y vínculos organizativos; pero también el embate violento de la subjetividad neoliberal en los propios sectores de izquierda, que deja en evidencia su incapacidad para conectar con las mayorías sociales y ofrecer una alternativa de transformación viable y adecuada a las actuales condiciones.

Ante esta desmedrada situación, solo un replanteamiento estratégico y una apuesta común por afrontar las disyuntivas del presente con creatividad, generosidad y determinación puede hacer de esta crisis de las fuerzas transformadoras y populares una oportunidad para nuestros pueblos en los territorios del Biobío.