Han pasado cinco meses desde que José Antonio Kast asumió la presidencia de Chile. Para cualquier analista o militante político debiera ser evidente que el 99% de su programa de gobierno fueron solo mentiras demagógicas. Mas aún. Mas allá de la falta de fiabilidad evidente de las encuestas, resulta claro que su propio electorado ya ha percibido que fue engañado. Su aprobación inicial ha caído 16 puntos.
Aunque la prensa mass media actúa como tapadera del verdadero programa del gobierno neofascista de Kast, las cifras son elocuentes: el Imacec de mayo cayó 0,9%, el desempleo subió a 9,4% y la producción industrial retrocedió 7,5%; en los hechos el país está camino de una recesión. Para la mayoría trabajadora del país que sobrevive con sueldos miserables, esta situación no requiere necesariamente aparecer en la televisión. Se comienza a palpar cotidianamente al "parar la olla" o al aumentar el endeudamiento.
Ahora, parece obvio que un gobierno pinochetista y ultraneoliberal, que ademas anunció un recorte presupuestario de 6 mil millones de dolares, provocaría movilizaciones. La pregunta no es si habrá protestas --- ya las hay --- sino si lograrán darse una orientación política y un nivel de desarrollo organizativo mas permanente. Es decir, que destino tendrán esta vez las fuerzas populares y de trabajadores.
Porque la historia reciente es brutalmente elocuente: el 18 de octubre de 2019 fue la mayor explosión social de las últimas 4 décadas y sin embargo, cinco años después tenemos un gobierno de ultraderecha. No fue porque el pueblo no haya luchado. En nuestra opinión este resultado es producto del carácter espontáneo de estos episodios, incluido el 18O, que no logran articular organización mucho menos disputar el sentido común dominante. Pues, aunque se considere como parte de un ciclo de luchas sociales desde el 2006, todos ellos carecieron de dirección política y un plan de acción con objetivos claros.
En cuanto al estallido social, en el momento más álgido cuando las demandas económicas se cruzaron con las políticas, esta carencia ideológica permitió que la oligarquía, ante la debilidad evidente del gobierno de Piñera II para garantizar algún nivel de gobernabilidad, lograra rearmar sus fuerzas. Hablamos no solo de la derecha tradicional, sino también la socialdemocracia y la izquierda neoliberal, quienes en conjunto disputaron la conducción del proceso e iniciaron un camino institucional de desactivación.
¿Que explica entonces que el 18O haya sido cooptado con tanta rapidez?
Desde hace décadas, la izquierda revolucionaria anticapitalista o antisistémica chilena, arrastra una crisis que no es solo organizativa. De hecho, la crisis orgánica es producto de una crisis teórica, estratégica y cultural. La verdad es más dura: la izquierda chilena no logró articularse en un proyecto nacional ni siquiera en la Unidad Popular.
Esta izquierda post dictatorial no ha logrado desentrañar el proceso actual de desconstitución social e ideológica de la clase trabajadora y sus organizaciones. Se trata de la fragmentación social y sindical producto de la precarizacíon, la tercerización y la subsunción de toda nuestra forma de vida bajo el consumo capitalista neoliberal, donde el viejo proletariado fabril ya casi no existe. En el mundo del trabajo asalariado conviven en la actualidad, desde la aristocracia obrera de los trabajadores del cobre hasta los repartidores de aplicaciones y trabajadores a domicilio sin contrato. Todo esto ocurre en un contexto mas amplio de proletarización creciente y no asumida ideológicamente, de muchas ramas profesionales, junto a una masa de trabajadores informales que no encuentran representación en las estructuras políticas y sindicales tradicionales.
La crisis teórica que no logra aprehender la realidad, no es sólo un dato objetivo manifiesto en el mundo del trabajo. Es también el resultado subjetivo de la derrota política e ideológica de los proyectos de izquierda históricos nacionales e internacionales. En Chile, luego de la salida pseudo "democrática" de la dictadura, los distintos gobiernos y sus organismos defensivos del capital (económicos, políticos, ideológicos y culturales) han logrado orientar al movimiento político-social a moverse entre dos polos igualmente funcionales al sistema: por un lado el aventurerismo político radical de quienes confunden cortoplacistamente protestas y procesos organizativos incipientes con la revolución y los principios personales y éticos con las necesidades de la lucha política.
Y por el otro lado, muchos sectores políticos y sociales fueron empujados al inmovilismo resignado, de quienes creen que ya no hay alternativa o quizá que el enemigo es muy grande para darle una pelea revolucionaria. Aceptando ideologicamente las ideas de "mejoramiento" del sistema y del famoso "chorreo", manteniendo al empresariado como sujeto fundamental del desarrollo. Es la deflexión patética del viejo Partido Socialista de Chile y del Partido Comunista, o de otras pequeñas fuerzas politicas que oscilan entre la lucha social, el asistencialismo y la vía electoral, para reformar como único camino.
Ambas posiciones permiten que el sistema siga su curso. La primera, cae en un análisis voluntarista que lo aleja de las grandes masas "impuras" o "electoralistas", dándole prioridad al camino propio. No logrando abordar la necesidad de construir poder de masas duradero, ni la necesaria disputa del enajenado sentido común. La segunda, aun con dejos antisistémicos, acepta acríticamente lo aparentemente inevitable. En el mejor de los casos sobrevive buscando representar electoralmente aspectos de las necesidades y derechos sociales; en el peor haciéndose parte del sistema, como vemos.
La porfiada historia nos dice que el sujeto revolucionario y sus organizaciones no preexisten a la lucha: se construye en la lucha. Pero para salir de esta posición de derrota, se requiere una profunda autocrítica para llegar a lo que precisamente hoy se carece: teoría, organización, dirección y objetivos concretos. No basta con "estar en la calle" o que las condiciones economicas desmejoren, como creen algunos sectores. Minimamente hay que saber qué se hace en la calle, con quién se coordina, y hacia dónde se va.
Ahora, la falta de comprensión de la realidad afianzada en un análisis "económico" de ella - economico en el sentido de "estrecho", obtuso, "economicista" - donde todo y todos excepto sus propias fuerzas son iguales, deriva en una práctica moralista y en un sectarismo doctrinario que se expresa de varias formas.
Primero vemos un maximalismo reivindicativo sin asidero en fuerzas reales. Todo o nada para el pueblo: exigencias de carácter socialista en un contexto de descomposición organizativa y pauperización intelectual de las masas. Por otro lado, el purismo de quienes consideran que cualquier acercamiento a sectores "no revolucionarios" es una "traición". Rechazando la lucha por la hegemonía política con el "no tranzo" como mantra. O aceptando alianzas solo con quienes asuman todas sus posiciones político-ideológicas.
Una expresión mas de estas desviaciones, es el "identitarismo" organizativo de quienes defienden su historia, sus símbolos y sus próceres como si eso reemplazara el análisis concreto de la realidad. Por último, el rechazo a priori, anarquista, a cualquier forma de organización centralizada, incluidos los partidos "tradicionales", como si la horizontalidad por sí misma fuera una garantía de pureza política.
El resultado general, es una izquierda "revolucionaria" que ha abandonado la lucha de masas, entregándola en manos de la clase política burguesa, refugiándose en un abstencionismo principista casi como única política. Una izquierda que gasta más energías en disputas espurias por el "poder" de conducción entre orgánicas marginales o en políticas de construcción de fuerza propia, creyendo que su historia o su identidad garantizaran la conducción política. Pero lo único que posibilita a cualquier fuerza la conducción, es la capacidad de mantenerse junto al pueblo aun en esas luchas que parecen estar por debajo de nuestra "capacidad ideológica", leer con ellos la realidad, proponer un plan y ejecutarlo con fraternidad, solidaridad y disciplina.
El estallido de Octubre de 2019 fue una explosión de rabia legítima y acumulada. Las consignas iniciales del movimiento: "Que Se Vayan Todos" y "No eran 30 pesos, Sino 30 años" mostraban el nivel de memoria y beligerancia del malestar social. Sin embargo, ante la radicalidad del movimiento, la clase política en general, la oposición a Piñera - el PC, el PS, el Frente Amplio - mas movimientos sociales afines y el propio gobierno, finalmente negociaron e impusieron una línea de salida institucional: plebiscito para una nueva Constitución.
El fenómeno político más nuevo e interesante de la rebelión popular, la aparición de centenares de Asambleas Populares por todo el territorio. Impulsadas en parte por pequeños movimientos y sectores de izquierda revolucionaria y el anarquismo, pasaron de intentar planificar y coordinar formas de control de sus espacios vitales, a discutir el posible contenido de una nueva constitución no pinochetista. Un canto de sirena no menor: el espejismo de la recuperación de derechos sociales conculcados y la nacionalización de procesos productivos y recursos naturales (RRNN) eran parte de la oferta.
En términos generales el error no fue haber participado en el proceso constituyente, que ciertamente contenía la posibilidad de un momento de politización popular. El error fue que ante la carencia de objetivos tácticos concretos se abandono el proceso de construcción social y se termino centralizando la discusión en el posible contenido de una Nueva Constitución, sin lograr una mirada crítica de lo que ese proceso implicaba para el movimiento.
La izquierda liberal y el liberalismo de izquierda, se convirtieron así en los garantes de la desmovilización; también la burocracia sindical que en lugar de profundizar el paro, llamó a "depositar la confianza en el proceso constituyente". Esa fue otra pieza clave de la desmovilización. Cuando el aporte de fuerza social que estas organizaciones brindaban se replegó de las calles, los movimientos asamblearios territoriales experimentaron un rápido declive. Unos apostaron por la autonomía absoluta, otros continuaron en gestos simbólicos sin capacidad de incidir, ya desnudos de las fuerzas de las masas.
Esta jugada sentó a díscolos personajes de la oposición en la mesa de la derecha y la oligarquía. El movimiento terminó fácticamente entregando su fuerza a las urnas y desmovilizando las calles. La socialdemocracia, la derecha y la oligarquía aprovecharon el proceso constituyente para terminar de desgastar, dividir y finalmente enterrar cualquier posibilidad de cambio.
Uno de los errores recurrentes del análisis en la izquierda - o mejor dicho de su evidente carencia - es que los lleva a hablar de "la oligarquía" o "el duopolio" abstractamente y en general. Ese planteamiento simplista no solo genera gran parte de los problemas ideológicos y las prácticas políticas mencionadas más arriba, sino que impide ver las contradicciones al interior del bloque dominante y, por lo tanto, diseñar una táctica y una estrategia que logre explotarlas para beneficio popular.
Como ya escribimos en el artículo "De quien es el Plan de Kast", este no es el gobierno de los grandes grupos económicos tradicionales. Es el gobierno de una fracción específica del capital: la burguesía subordinada empresarial y rentista. Aquí solo afinaremos el analisis en un aspecto de esta nueva situación.
La gran burguesía fue desplazada del poder político porque en cierto sentido lo permitió. No fue una derrota; podemos especular que fue una delegación. La gran burguesía y su bloque no quiso asumir el costo político que un plan como el mal llamado "Plan de Reconstrucción" requería. Para eso está el neofascismo: para hacer el trabajo sucio que la derecha tradicional y la socialdemocracia ya no puede hacer sin destruirse. Kast y su fracción son la fuerza de choque política de un nuevo bloque en gestación, que se debate entre seguir subordinado al gran capital o liderar el proceso de acumulación capitalista inmediato y futuro para su beneficio.
Dejando de lado las obvios conflictos sociales con las clases desposeídas - que abordaremos más abajo - este nuevo bloque en el poder tiene sus propias tensiones internas. Pero no hay que confundir disputas coyunturales con contradicciones tácticas o estratégicas.
La gran burguesía puede no estar de acuerdo con todos los detalles del plan, pero está de acuerdo con su dirección general: profundizar la explotación de la fuerza de trabajo, la naturaleza y la proletarización creciente de sectores profesionales. En el fondo, un nuevo disciplinamiento de la clase trabajadora para asegurar las condiciones de acumulación de capital.
Postulamos que la contradicción estratégica sigue siendo la lucha entre el gran capital versus la fuerza de trabajo. Pero la contradicción táctica explotable en este periodo, no es entre la gran burguesía y la clase trabajadora en general. Es entre la fracción que impulsa el gobierno de Kast - la burguesía subordinada empresarial y rentista - versus la clase trabajadora en general y, por otro lado, la propia base social del gobierno (pequeños y medianos empresarios, sectores populares conservadores y pauperizados, clase media profesional y no profesional proletarizada) junto a su apoyo geopolítico: EEUU (Trump) que tensiona a la gran burguesía nacional con China el mayor socio comercial del país de los últimos 40 años!
Veamos, el "Plan de Reconstrucción Nacional" no es un conjunto de medidas económicas mal diseñadas. Es un proyecto de clase. Busca, tras el estallido social que prendió las alarmas, re-viabilizar el proyecto de acumulación capitalista nacional, ante lo que algunos politólogos consideran un aparente desgaste de la protección de la constitución pinochetista. Nosotros consideramos, que mas bien se trata de un proceso de reorganización capitalista ante un inminente decrecimiento de la tasa de ganancia y la acumulación, ademas de una nueva realidad tecnológica y geopolitica.. Para ello el gran capital permitió la redistribución de la acumulación al interior de la clase poseedora, con la condición que esta fracción económica logre redisciplinar la masa laboral y el ejército laboral de reserva.
El corazón del proyecto es presentado como la rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23%, la invariabilidad tributaria para inversiones sobre US\$50 millones, la exención transitoria del IVA a la venta de viviendas nuevas y beneficios fiscales para repatriar capitales. Una especie de "recesión controlada", que permite también indirectamente a muchos capitales obtener ganancias parasitarias y traspasarse sin esfuerzo ingentes cantidades de capital. Pero probablemente, lo mas importante sea el afán de privatizar el total de la explotación extractivista de los escasos recursos naturales del país.
Todo ello financiado con recortes masivos al gasto social y sobreexplotación: el fin de la seguridad social - recortes en salud, educación, transporte público, jubilaciones, cultura - la baja de sueldos, el aumento de las horas de trabajo, el fin de las huelgas, el fin del seguro de cesantía y la eliminación de indemnizaciones por años de servicio. Obviamente no es una política "errónea" desde el punto de vista del poder economico. Es correcta para sus intereses: concentrar la riqueza en sus manos y disciplinar al conjunto de la sociedad. Por eso no basta con decirle al pueblo que "la reforma es mala", "el gobierno es malo" o que "es culpa del duopolio", pues ese tipo de discurso es un factor que, precisamente, abrió la puerta a la ultraderecha para decir que ante la ineficacia y la estupidez de los otros, ellos lo podían hacer mejor. Debemos mostrar quién está detrás del plan, a quién beneficia y particularmente a quiénes perjudica. En ese contexto, hay que hacer evidente para los trabajadores y el pueblo, el origen de esta nueva fracción económica en el poder, sus objetivos, sus debilidades y obviamente, el papel del parlamento, la izquierda liberal, la socialdemocracia, el liberalismo de izquierda, la burocracia sindical y el Estado de derecho en el mantenimiento del orden capitalista. Es decir el trabajo de "politizar" que los analisis "economicos" quieren saltarse!
El gobierno de Kast es frágil. No sólo por la caída de su aprobación o por el deterioro económico que propugna, sino porque su coalición es un experimento heterogéneo en formación y su principal punto de apoyo externo - Estados Unidos y Trump - están en su propia crisis.
En el país las tensiones entre Republicanos y Chile Vamos son públicas y recurrentes. La acusación constitucional contra Nicolás Grau evidenció la descoordinación de la derecha: republicanos sostuvieron el libelo de manera consistente, pero en Chile Vamos hubo apoyos parciales, rechazos, abstenciones e inhabilidades. Kast ha tenido que convocar a desayunos en La Moneda para intentar recomponer las confianzas. La UDI mantiene la guardia en alto y remarca las distancias con el Partido Republicano.
Pero hay que ser cautos: esas diferencias son, en gran medida, chismografía política. Lo importante son los acuerdos de fondo sobre el plan de esta fracción. A pesar de las precisiones que la gran burguesía dicta al gobierno a través de sus medios y sus lobistas, la cuestión es cómo este plan afectará a su propia base social, que en rigor no es su base social orgánica, sino una construida sobre el engaño demagógico. Porque finalmente los votos de la derecha en el Congreso son coherentes con el proyecto: la Megarreforma avanza.
La fragilidad geopolítica es otro factor clave. Kast llegó al poder alineado explícitamente con Washington, y en particular con la figura de Donald Trump quien está en su segundo mandato pero cuya posición actual es difícil. Las elecciones de "medio término" de noviembre de 2026, en medio de una de las escaladas guerreristas más impactantes de las últimas décadas, son un momento clave. La posibilidad de que Trump pierda el control del Congreso es real. Si Trump cae - ya sea por una derrota electoral o por un debilitamiento progresivo - el gobierno de Kast pierde nominalmente su principal punto de apoyo externo.
Eso no significa que un gobierno demócrata en EE.UU. sea mejor para Chile. Los intereses estratégicos de Estados Unidos en la región no cambian con el color del partido gobernante. Pero la incertidumbre que generaría la caída de Trump afecta los intereses de la gran burguesía nacional, que como mencionamos ha apostado por el en contra de sus socios más importantes de las últimas décadas: los Chinos. Los grandes grupos económicos necesitan estabilidad y previsibilidad para sus negocios. Un gobierno de Kast tambaleante, sumado a un socio externo en crisis, no es buen negocio.
Mientras avanzan los meses, la izquierda neoliberal - Frente Amplio, Partido Socialista, Partido Comunista, PPD - intenta recomponerse como oposición "responsable". La presidenta del FA, Constanza Martínez, calificó la reforma de "radical" y lamentó que se aprobó "sin acuerdos, sin diálogo real". El senador comunista Daniel Núñez dijo que el ministro Quiroz "se ha ganado el título de ser el Robin Hood de los superricos". La CUT, por su parte, "valora" que el gobierno se siente a dialogar.
Pero las críticas se quedan en el discurso y en el parlamento. Y por cierto en los medios, donde hoy pululan ideólogos comunistas y frenteamplistas hablándonos del "leninismo del PC", del afán de "reemplazo de las leyes" por parte del gobierno, y la "Mano Izquierda del capital" de no se quién. Pero cuando la Megarreforma llegó al Senado, la "oposición" no se negó a discutir; se sentó a negociar indicaciones y en eso están. El voto de Pedro Araya (PPD) fue el ejemplo perfecto: su abstención fue el voto que permitió políticamente la aprobación de la idea de legislar. No se trataba de rechazar el contenido de clase de la reforma, sino de reclamar un lugar en la mesa donde se administrará su tramitación y correrá la plata.
Esa es la lógica de la izquierda neoliberal: estar en la mesa, no cambiar la mesa. Su papel es doble: por un lado, contener el descontento social canalizándolo hacia cauces institucionales, obteniendo pequeñas prebendas para el país y los sectores populares que le permitan volver a proyectarse al gobierno; por otro, en la medida que "republicanamente" asisten al parlamento a votar el "plan de reconstrucción", dar cobertura "popular" a una estrategia de adaptación parlamentaria derechista.
En este sentido, el gobierno de Boric fue el remate del proceso de transición que allanó el camino para el extractivismo - la Estrategia Nacional del Litio, el Royalty minero light, el TPP11 - y para la construcción de un estado policial que hoy Kast utiliza sin reparos y busca profundizar aún mas. Estos aspectos son antecedentes de la actual situación. La izquierda neoliberal no es ni sera una alternativa antisistemica; no representa mas que su gestión con rostro humano. Su papel hoy sigue siendo desactivar cualquier intento de lucha popular que amenace con desbordar los marcos institucionales. Pero un numero importante de ciudadanos aun creen en ellos y en el sistema ¿qué hacer? ¿seguiremos ignorándolos como hasta ahora? ¿cómo en el 18O? Más adelante en el artículo veremos algunas posibilidades.
Agudización de las contradicciones y reorganización popular
"Hay que agudizar las contradicciones" fue una frase recurrente entre los sectores de izquierda de los 80s. En ese momento critico, la militancia político-social olvidábamos que detrás de esas contradicciones estaban los sectores populares que las sufrían. Hoy, en un contexto geopolítico caótico, con un avance de la derecha y los yanquis en América Latina, un nuevo afán expoliador de la burguesía nacional está agudizando las contradicciones en nuestro país.
Para nosotros la "agudización de las contradicciones" no es suficiente como postura política. Primero debemos responder ¿qué contradicciones? En este sentido el materialismo histórico nos enseña que la conciencia política no surge necesariamente de la precariedad, todo lo contrario. Por lo que la oportunidad que abre la actual situación, es la de identificar nuestras posibilidades de lucha, avanzar en procesos de reorganización y en la disputa de las conciencias populares.
Es prioritario avanzar con ese horizonte: es decir la rearticulación de las organizaciones y la recuperación del sentido común popular. Para eso necesitamos un plan táctico con objetivos concretos que perseguir en este periodo que nos permitan articular a los distintos sectores que comienzan a movilizarse. Pero esta vez con la clara conciencia de un proceso de construcción de poder popular de masas de largo plazo.
Demos una mirada a los sectores de trabajadores, sociales y populares que ya se han movilizado o mas propensos a movilizarse: los estudiantes secundarios, esta vez junto a la Confech y pequeños grupos de izquierda, fueron los primeros en percibir la virulencia del plan económico de la ultraderecha. Luego se reactivó el movimiento ecologista en lucha por la preservación de los territorios amenazados directamente. La Confederación Nacional de Trabajadores del Transporte (CNTT) y el Movimiento 100X100% con el Pueblo han protestado en Santiago y anuncian nuevas movilizaciones. La CUT, convocó a la primera gran marcha contra Kast el 1 de mayo, con la participación de decenas de miles de trabajadores y ciudadanos. Sectores de la salud como la Fenats, se han movilizado incipientemente. Otros como la Confusam y los portuarios anuncian movilizaciones futuras contra los recortes que afectan el que hacer de su gremio, íntimamente ligada a la realidad social.
La realidad objetiva que se desprende del Plan de Kast, es que estos son los sectores más perjudicados desde el primer minuto por los recortes presupuestarios. Para dar un ejemplo, los proyectos de extracción de litio y tierras raras que EEUU impulsa a través del gobierno de Kast, están encontrando resistencia en los territorios. Esa resistencia no es solo ecologista; es una resistencia anticolonial y anticapitalista. Apoyarla, visibilizarla con ese carácter, conectarla con las luchas sectoriales de la salud, el estudiantado, es una forma de golpear a la fracción que está en el poder y a su socio externo."
La primera batalla táctica entonces podría ser, por ejemplo, frenar la aprobación de un proyecto específico de extracción de litio o tierras raras. Eso implicaría coordinar a las comunidades locales, a los sindicatos afines, a los movimientos ecologistas y a los estudiantes y diseñando una campaña de propaganda que exponga los intereses de la fracción de Kast y de sus socios estadounidenses.
Los partidos y organizaciones políticas de izquierda consecuente deberían tomar esta labor como una de las centralidades tácticas del periodo. Pero ejecutando un plan que evite dispersar la energía en protestas simbólicas sin dirección, estableciendo en cada movilización un objetivo pequeño o grande pero concreto y medible en el tiempo: impedir un desalojo, paralizar un sector productivo, conseguir un aliado para la causa. Ser articuladores activos de las luchas particulares - ecologistas, feministas, estudiantes, trabajadores - en una lucha común contra la esencia del sistema. No como un "frente amplio" electoral, sino como un polo de construcción de poder popular con capacidad de veto y de propuesta.
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Para ello, nuestra comprensión sobre la lucha política y sus necesidades debe dar un salto cualitativo. Reincorporar autocríticamente la importancia de la discusión política y el analisis de nuestras fuerzas y de las masas populares es una exigencia ética del momento.
Revisemos un par de situaciones del estallido social:
Un hecho relevante que da cuenta de las dificultades de interpretación de la realidad que indicamos, dice relación con la no participación de un grupo importante de asambleas territoriales en los esfuerzos centrales que se realizaban desde el bloque de Unidad Social (US). Bloque donde se concentraba el numero mas importante de organizaciones de trabajadores, sociales y políticas. Este grupo de asambleas era impulsado por pequeñas orgánicas extrasistémicas, anarquistas y ONGs que enfrentaron el proceso con un plan de construcción de fuerza propia, con una política anti partido, abstencionista y de no participación en los espacios de la "clase política y sindicatos tradicionales vendidos".
Por esta razón y con una opacidad conspirativa, sin muchas explicaciones, no marchaban junto a la Mesa. No se sumaron a los llamados a Huelga Nacional del 4 ni el 12 de Noviembre, sino que lo hicieron en otras fechas y lugares. Restaron así grupos de miles de ciudadanos, que comenzaban a comprometerse en la lucha a las manifestaciones mas importantes del momento. Estas asambleas construían un instrumento llamado El Pliego del Pueblo, una serie de demandas reivindicativas generales, pero sin contar con un plan mas alla de la necesidad de organizarse. Y aún siendo grupos organizados, la idea de maniobra era que el plan debía surgir del encuentro con la gente. Finalmente, al igual que todo el movimiento, abandonaron sus demandas particulares por la discusión de la Asamblea constituyente.
Una reivindicación, parte del contexto político más amplio del 18O, surgió cuando la llamada Mesa o Bloque de Unidad Social - como decíamos, una coordinación de organizaciones sociales, territoriales, políticas y sindicales - planteó a la clase política la exigencia de ejercer una Huelga Legislativa. Es decir, que la oposición al gobierno de Piñera se niegue a legislar mientras se siguiese reprimiendo las movilizaciones, que entonces ya contaban con decenas de asesinados, mutilados y torturados por las fuerzas policiales.
Para sorpresa de todos, fueron expresadas en nombre de la mesa por la comunista Bárbara Figueroa entonces presidenta de la CUT. Esa exigencia hacia la clase política - surgida de los gremios organizados más importantes del país - se planteó junto a demandas por la vuelta a los cuarteles de los militares, la derogación del estado de emergencia y, por primera vez, como una reivindicación del movimiento se incluyó la exigencia de una Asamblea Constituyente.
Estas demandas sumadas al crecimiento acelerado de organizaciones territoriales fueron desde nuestro punto de vista un momento de inflexión de la lucha social.
La importancia de la aparición de estas demandas, fue que terminó de alertar a la clase política que el movimiento no se estaba dejando cooptar fácilmente y que ademas atacaba su sistema representativo. Entonces Boric - diputado y uno de los líderes de la oposición - se sentó con la derecha para negociar la salida institucional de un plebiscito y proceso constituyente.
Aun cuando la Huelga Legislativa fue una exigencia hacia los parlamentarios - no una acción autónoma del movimiento - mostró la rapidez con que las demandas económico-sociales pueden avanzar hacia demandas políticas.
Consideramos que, análogamente a aquella situación, la actual Megarreforma fascista nos permitiría levantar hoy esta misma reivindicación con un carácter "propagandístico", para contribuir a la comprensión de los sectores populares sobre el verdadero papel de los procesos electorales y el parlamento como elementos de control social usado por el gran capital.
La proponemos como una reivindicación táctica exigiendo al conjunto de la oposición una Huelga Legislativa en defensa de los intereses populares y nacionales. Esta exigencia debe ir de la mano con el desenmascaramiento de los intereses específicos del nuevo gobierno. Exigiéndole al PC, al PS, al FA y a toda la oposición parlamentaria que se nieguen sistemáticamente a participar en la tramitación de la Megarreforma. Que no se sienten a negociar indicaciones. Que no legitimen con su participación un debate cuyo terreno ya ha sido definido por el enemigo. Que hagan huelga legislativa.
No porque creamos que vayan a hacerlo ---porque no lo harán--- sino para mostrar en la práctica cómo negocian, tranzan y legitiman la reforma mientras dicen oponerse. Dicho de otro modo: desenmascarar a la izquierda neoliberal, mostrar que no hay diferencia sustancial de proyecto económico entre "oposición" y oficialismo, que todos son parte del mismo engranaje, pero con distinto papel. Esa es la función practica de la idea del 'duopolio' que algunos sectores antisistémicos repiten sin traducirla en acción alguna. La forma no conspirativa, dirigida a todo el pueblo sometido, de integrar la política y la lucha social.
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Otro de los grandes problemas del movimiento popular chileno es la debilidad del sindicalismo. La Central Unitaria de Trabajadores (CUT) donde participan los empleados fiscales, profesores, de la salud, del cobre, etc. sigue siendo nominalmente la principal organización sindical, pero su capacidad de convocatoria es limitada y su dirección ha sido absorbida hace mucho tiempo por la lógica de la negociación institucional.
Otros sectores de trabajadores, en los que algunos actores políticos de izquierda revolucionaria depositaron en su momento esperanzas de construcción de una nueva política sindical clasista, como los portuarios, los trabajadores del retail, de montaje industrial, de la construcción, etc. se han burocratizado y/o corrompido tanto o más que las viejas organizaciones sindicales de trabajadores del estado.
Los nuevos sectores precarizados, la gran mayoría de los trabajadores --- del área de servicios, repartidores, trabajadores de plataformas, trabajadoras a domicilio, a contrata, que boletean --- están prácticamente desorganizados. No se ha logrado construir un nuevo sindicalismo, ni uno que represente a estos sectores. Y no se logrará de la noche a la mañana.
Así las cosas, es indispensable reconsiderar estas fuerzas como parte de las luchas del movimiento popular. Después de todo, así como todo lo demás, el mundo del trabajo siempre está en disputa en la lucha de clases: oscilan entre la cooptación patronal y posiciones clasistas, o siquiera progresistas. Lo que no se puede hacer es confiar en los compromisos de sus dirigentes, por lo que no son sujetos actuales de políticas de alianzas, es decir tanto o menos que la izquierda neoliberal.
Proponemos, como parte de la táctica general, sumarse con autonomía política a sus luchas y movilizaciones. También desarrollar una presión propagandística similar a la ejercida contra la clase política, entendible para sus bases, llamando a que se movilicen y defiendan sus intereses. Esto servirá también para desenmascarar a los dirigentes cooptados y serviles al gran capital.
El estallido social nos mostró estos aspectos de los problemas teóricos y organizativos de la lucha: una izquierda revolucionaria ultraizquierdista que asume parcelada y conspirativamente la construcción de fuerza popular. En la practica apartándose de las masas. Que no hay un nuevo sindicalismo de clase, que el movimiento sindical tradicional aún tiene una importante capacidad de lucha. Pero cooptado por una burocracia sindical que es una pieza del engranaje de desmovilización, aunque ellos no son lo mismo que sus asociados, ese es el quid del asunto.
A pesar de todas las dificultades, hay señales alentadoras que deben abordarse. El comienzo de las movilizaciones, muestra un grupo heterogéneo de movimientos políticos y sectores de trabajadores y sociales, que han asumido temprana y consecuentemente la defensa de sus derechos e intereses.
Proponemos a ese activo social convocar a reuniones de coordinación territorial entre estas organizaciones: no para fundar un nuevo partido, sino para discutir un plan de acción común para los próximos meses. Estas reuniones deberían tener como primer punto la definición de un objetivo táctico prioritario y el diseño de una campaña de acciones y comunicacional conjunta. Las realidades territoriales les indicarán a las fuerzas involucradas especificidades propias sobre las que articularse y proponerse objetivos.
Nos parece fundamental una concepción organizativa que combine centralismo y democracia. No se trata de imponer una dirección desde arriba, pero tampoco que no tenerla implique renunciar a darse una conducción del proceso otra vez. La dirección de estas coordinaciones no debería ser fija, sino rotativa y temática, de modo que ninguna organización se sienta excluida y todas asuman responsabilidades.
Es necesario construir espacios que no evadan la discusión política, sino uno donde las organizaciones puedan fraternalmente discutir, planificar, coordinarse, priorizar según sus realidades territoriales, sus convicciones politicas y ejecutar acciones conjuntas con disciplina y evaluaciones posteriores.
En este contexto, la disputa comunicacional es un trabajo táctico de primer orden que no requiere grandes medios; sino una red de "militantes" que produzcan y distribuyan materiales simples: volantes para la salida de las empresas, para las calles y los malls, vídeos cortos que desmonten una mentira del gobierno, etc.. La coordinación que proponemos debería tener un grupo de trabajo dedicado a esta tarea con el objetivo de centralizar su que hacer.
En fin, la experiencia acumulada desde el 2006 hasta el 18O nos enseñó que la espontaneidad no basta. Que nos falta analisis y objetivos. Este articulo que entregamos para su lectura es una invitación y quizá una critica muy dura, muy difícil de asumir, pero cuyo objetivo primario es resolver nuestras falencias y esta vez estar preparados.